jueves, 8 de octubre de 2009


El cráneo atribuido a Hitler por los rusos corresponde a una mujer

La historia de la muerte de Hitler tendrá que reescribirse como un misterio, y los teóricos de la conspiración podrán volver a especular con que Hitler no murió en el búnker después de todo.

Adolf Hitler pudo no haberse disparado a sí mismo y quizás ni siquiera murió en su búnker. Un fragmento de cráneo supuestamente del Führer y que era conservado desde hace décadas por los rusos ha resultado ser en realidad de una mujer de unos 40 años, de acuerdo con nuevos estudios de ADN.

Científicos e historiadores han discutido durante largo tiempo sobre la autenticidad de lo que era prueba concluyente de que Hitler se disparó en la cabeza después de tomar una píldora de cianida el 30 de abril de 1945 para evitar caer en manos de los soviéticos. El trozo de cráneo, que presenta un agujero de bala, había sido sacada del búnker de Hitler por el ejército ruso y fue preservada por la Inteligencia Soviética.
La historia tradicional es que Hitler se suicidó junto con Eva Braun mientras los rusos bombardeaban Berlín. Aunque algunos historiadores dudaron de que se disparase a sí mismo y sugirieron que se trataba de propaganda nazi para hacerle un héroe, el agujero en el fragmento de cráneo parecía consolidar la teoría inicial cuando fue presentado en Moscú en el año 2000. Pero análisis de ADN realizados ahora por investigadores estadounidenses cambían todo.

«Sabemos que el cráneo corresponde a una mujer de entre 20 y 40 años» ha declarado la arqueóloga de la Universidad de Connecticut, Nick Bellantoni. «Los huesos parecían muy finos. Los huesos de varón tienden a ser más robustos. Y las suturas donde su juntan las placas del cráneo parecen corresponder a alguien con menos de 40 años, cuando Hitler tenía 56 cuando murió", explicó, según publica el rotativo británico Daily Mail.

Restos en Moscú

Todos los restos de Hitler trasladados a Moscú al término de la guerra fueron almacenados en secreto durante décadas, hasta que en 1970 el KGB los incineró y arrojó las cenizas a un río.
Unicamente la mandíbula, el fragmento de cráneo y los trozos de sofá
impregnados con restos de sangre fueron preservados hasta nuestros días.

Bellantoni estudió los restos tras volar a Moscú para inspeccionar los truculentos restos de Hitler en los archivos del Estado. Sólo se le permitió estudiarlos durante una hora, tiempo durante el que obtuvo muestras de ADN, para su traslado posterior a su laboratorio en Connecticut.

En el centro de genética aplicada, se aplicaron técnicas propias de medicina forense aplicadas al esclarecimiento de crímenes. Para su sopresa, una pequeña cantidad de ADN viable fue extraída.
Entonces, lo replicó a través de un proceso conocido como copia molecular para proporcionar suficiente material dedicado al análisis.


fuente: abc.es

2 comentarios:

  1. Ves que tengo razon. El adolfo, no murio y vive cerca de mi casa.
    Pero nadie me cree.
    A ver si ahora si.

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  2. Publica una foto koste y el Pullitzer sera tuyo

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